¡No estamos solos!
A lo lejos podían distinguirse ya detalles de la enigmática estrella. Presentaba su lado oscuro a los astronautas y destellos de origen desconocido se divisaban en su superficie.
La demora que acarreaba circunnavegarla hasta alcanzar su lado iluminado los llenaba de ansiedad y la emoción de encontrar otra forma de vida inteligente, que probara que su especie no era un accidente de la naturaleza, los tenía tan agitados que a duras penas conseguían ejecutar con precisión la delicada maniobra de acercamiento. El júbilo fue general cuando un delgado arco de luz apareció frente a la nave, como un ojo gigantesco abriéndose en medio del universo oscuro y silencioso.
Las estructuras que iban apareciendo a medida que se adentraban en la atmósfera del planeta los convencieron de que la mayoría teorías científicas estaban erradas: ¡los nativos poseían un elevado nivel tecnológico!
Las opiniones sobre si debían hacer descender la nave sobre la parte sólida o líquida del planeta provocaron una momentánea división a bordo. Como los miembros del consejo científico a cargo de la misión afirmaban tener la certeza de que el planeta, pese a que parecía tener condiciones compatibles con la vida, era imposible que estuviera habitado, no concibieron ningún protocolo por si se daba el excepcional caso de encontrar algún ser vivo, inteligente o no, porque ningún "organismo podría desarrollarse eficientemente con tales niveles de CO 2 ". Claro, esta era la hipótesis aceptada por todo aquel que se preciara de tener algo de sentido común, pero tampoco faltaban los seudocientíficos que sostenían lo contrario, causando un frenesí insensato entre sus millones de entusiastas seguidores.
En ausencia de un protocolo adecuado y dado el caso de que no existía precedente de alguna situación análoga, no quedaba otra alternativa que improvisar. Contaban en la tripulación con un experto en estudios de sociedades alienígenas, pero este especialista probó en un instante su inutilidad y la de su ciencia puramente especulativa y dejó, a su pesar, en el mayor descrédito a cientos de ilustres personajes ya fallecidos, que vivieron y murieron mimados por la fe de la comunidad científica mundial.
Además, nadie estuvo de acuerdo en incluir un biólogo en la tripulación. "Un fardo inútil", fue la respuesta recibida por el oficial al frente de la nave, cuando se atrevió a hacer la sugerencia.
De modo que ahora se enfrentaban a una situación inédita e inesperada. La responsabilidad de la decisión de lo que habrían de hacer recaía solo en sus manos: en esta región de la galaxia no les era posible comunicarse con su planeta con la rapidez necesaria. De enviar un comunicado solicitando instrucciones, la respuesta, en el improbable caso de que les respondieran inmediatamente, les llegaría cuando ya no les quedara combustible, teniendo en cuenta el ritmo a que lo estaban consumiendo, debido a la enorme gravedad de este mundo tan diferente.
Se acercaban con lentitud a la zona iluminada del planeta. La gigantesca cantidad de emisiones radiales captadas por el ordenador de la nave, les hizo llegar a la conclusión de que los nativos habían descubierto su presencia, así que, para no causar temores innecesarios que pudieran transformarse en una posible barrera comunicativa, decidieron mostrar una actitud abierta y ostensiblemente confiada, y planearon suavemente por lo que parecía un importante asentamiento poblacional, a juzgar por el tamaño de las numerosas edificaciones.
Gran euforia causó entre los astronautas descubrir hasta qué punto habían llevado su tecnología esos seres todavía desconocidos, al ver acercarse a la nave una flotilla de artefactos voladores, de diseño bastante modesto, a una decorosa velocidad.
Los habitantes del curioso planeta aun no habían intentado establecer comunicación con sus visitantes del espacio, pero el apresurado acarreo de máquinas que iban siendo colocadas ordenadamente en un área espaciosa y despejada, propicia para el descenso, les hizo suponer que se estaban preparando, en la medida de sus humildes posibilidades, para su recibimiento.
La flotilla de artefactos aéreos se ubicó a ambos lados de la nave visitante que, así flanqueada, enrumbó hacia el sitio que parecía haber sido expresamente dispuesto para su recepción.
Cuando la distancia que los separaba del área de descenso era ya insignificante, la tripulación se engalanó por orden del máximo oficial. El momento lo merecía. Y el experto en estudios de sociedades alienígenas creyó descubrir en un extremo del sitio destinado a su acogida, lo que consideró la primera prueba de una organización social debidamente identificada y jerarquizada: el trozo rectangular de un material sumamente flexible, ornamentado con siete franjas rojas que alternaban con seis blancas y con un cuadro de color azul oscuro, decorado con una cantidad exagerada de minúsculos dibujos blancos que parecían imitar estrellas, en el extremo superior izquierdo. Este objeto ondeaba sujeto de un asta larguísima que con toda seguridad permanecía fijada al suelo, por lo que podía observarse.
Curioso símbolo: "de bienvenida probablemente", anotó el experto en estudios de sociedades alienígenas.
La nave continuó sola su descenso cuando los artefactos voladores abandonaron bruscamente su posición y los astronautas manifestaron ruidosamente su alegría, en el momento que las máquinas situadas abajo parecían dirigirse hacia ellos. Pero su alegría se trocó en espanto cuando decenas de proyectiles escaparon de las máquinas y el experto en estudios de sociedades alienígenas demostró que, después de todo no era tan inútil, había sido capaz de descubrir algo por sí mismo cuando chilló:
― ¡¡Oficial, son hostiles, nos han disparado!!
En el área de descenso, un personaje de visible importancia palmeó gozoso a un subalterno mientras contemplaban el estallido de la nave espacial:
― ¡Bien, mayor Steinberg! ¡Magnífica descarga! Ahora la NASA se ocupará de los resto s ―y a ñadió satisfecho ― . Otra vez el Tío Sam le ha salvado el culo al mundo.
- Publicado: Miércoles, 28 Marzo 2012 12:35:22 GMT
- En: Cuentos
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